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como cadete en su compáñía de guardias. D'Artagnan endosó   suspirando aquel uniforme que hubiera querido trocar, al precio de diez años de su existencia, por la casaca de   mosquetero. Pero el señor de Tréville prometió aquel favor tras un noviciado de dos años, noviciado que podía ser abreviado por otra parte si se le presentaba a D'Artagnan ocasión de hacer algún servicio al rey o de   acometer alguna acción brillante. D'Artagnan se retiró con esta promesa y desde el día siguiente comenzó su servicio.   
   Entonces fue cuando les llegó a Athos, Porthos y Aramis el turno de montar guardia con D'Artagnan cuando   estaba de guardia. La compañía del señor caballero Des Essarts tomó así cuatro hombres en lugar de uno el día   en que tomó a D'Artagnan.   

   CAPÍTULO VIII UNA INTRIGA DE CORTE   

   Sin embargo, las cuarenta pistolas del rey Luis XIII, como todas las cosas de este mundo, después de haber   tenido un comienzo habían tenido un fin, y a partir de ese fin nuestros cuatro compañeros habían caído en apuros. Al principio Athos sostuvo durante algún tiempo a la asociación con sus propios dineros. Le había   sucedido Porthos. y gracias a una de esas desapariciones a las que estaban habituados. durante casi quince días había subvenido aún a las necesidades de todos; por fin había llegado la vez de Aramis, que había   cumplido de buena gana, y que, según decía, vendiendo sus libros de teología había logrado procurarse   algunas pistolas.   
   Entonces, como de costumbre, recurrieron al señor de Tréville, que dio algunos adelantos sobre el sueldo;   pero aquellos adelantos no podían llevar muy lejos a tres mosqueteros que tenían muchas cuentas atrasadas, y   a un guardia que no las tenía siquiera.   
   Finalmente, cuando se vio que iba a faltar de todo, se reunieron en un

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