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cardenal.
-Era entonces un papel que representaba? -Sí, niña mía.
-Ese hombre no es entonces...
-Ese hombre -dijo Milady bajando la voz- es mi hermano.
-¡Vuestro hermano! -exclamó la señora Bonacieux.
-Pues sí, sólo vos sabéis este secreto, niña mía; si lo confiáis a alguien, sea el que sea, estaré perdida, y quizá vos también.
-¡Oh, Dios mío! -Escuchad, lo que pasa es esto: mi hermano, que venía en mi ayuda para sacarme de aquí a la fuerza si era preciso, se ha encontrado con el emisario del cardenal que venía a buscarme; lo ha seguido. Al llegar a un lugar del camino solitario y apartado, ha sacado la espada conminando al mensajero a entregarle los papeles de que era portador; el mensajero ha querido defenderse, mi hermano lo ha matado.
-¡Oh! -exclamó la señora Bonacieux temblando.
-Era el único medio, pensad en ello. Entonces mi hermano ha resuelto sustituir la fuerza por la astucia: ha cogido los papeles y se ha presentado aquí como el emisario mismo del cardenal, y dentro de una hora o dos, un coche debe venir a recogerme de parte de Su Eminencia.
-Comprendo; ese coche es vuestro hermano quien os lo envía.
-Exacto; pero eso no es todo: esa carta que habéis recibido y que creéis de la señora de Chevreuse...
-¿Qué? -Es falsa.
-¿Cómo? -Sí, falsa: es una trampa para que no hagáis resistencia cuando vengan a buscaros.
-Pero si vendrá D'Artagnan.
-Desengañaos, D'Artagnan y sus amigos están retenidos en al asedio de La Rochelle.
-¿Cómo sabéis eso? -Mi hermano ha encontrado a los emisarios del