Capítulo disponible en: Inglés
Francés
Italiano
Portugués
Rumano
Siguiente
-Yo tengo otro tanto; con mil pistolas se hace frente a todo; va ciad vuestros bolsillos.
-Aquí están, condesa.
-Bien, mi querido conde. ¿Cuándo partís? -Dentro de una hora: el tiempo de tomar un bocado, durante el cual enviaré a buscar un caballo de posts.
-¡De maravilla! ¡Adiós, caballero! -Adiós, condesa.
-Recomendadme al cardenal -dijo Milady.
-Recomendadme a Satán -replicó Rochefort.
Milady y Rochefort cambiaron una sonrisa y se separaron.
Una hora después, Rochefort partió a galope tendido en su caballo; cinco horas más tarde pasaba por Arras. Nuestros lectores ya saben cómo había sido reconocido por D'Artagnan, y cómo este reconocimiento, inspirando temores a los cuatro mosqueteros, habían dado nueva actividad a su viaje.
CAPÍTULO LXLLL GOTA DE AGUA
Apenas había salido Rochefort, volvió a entrar la señora Bonacieux. Encontró a Milady con el rostro risueño.
-Y bien -dijo la joven- lo que vos temíais ha llegado, por tanto; esta noche o mañana el cardenal os envía a recoger.
-¿Quién os ha dicho eso, niña mía? -preguntó Milady.
-Lo he oído de la boca misma del mensajero.
-Venid a sentaros aquí a mi lado -dijo Milady.
-Ya estoy aquí.
-Esperad que me asegure de si alguien nos escucha.
-¿Por qué todas estas precauciones? -Ahora vais a saberlo. Milady se levantó y fue a la puerta la abrió, miró en el corredor y volvió a sentarse junto a la señora Bonacieux.
-Entonces -dijo ella-, ha interpretado bien su papel.
-¿Quién? -El que se ha presentado a la abadesa como enviado del