Inicio   [800x750]    Acerca de


doble de todo, había cedido a su   amigo un equipo completo.   
   D'Artagnan habría estado en el colmo de todos sus deseos si no hubiera visto despuntar a Milady como una   nube sombría en el horizonte.   
   Después de almorzar, convinieron en reunirse por la noche en el alojamiento de Athos, y allí terminarían el   asunto.   
   D'Artagnan pasó el día enseñando su traje de mosquetero por todas las calles del campamento.   
   Por la noche, a la hora fijada, los cuatro amigos se reunieron; sólo quedaban tres cosas que decidir:   Lo que había que escribir al hermano de Milady.   
   Lo que había que escribir a la persona hábil de Tours.   
   Y qué lacayos serían los que llevarían las camas.   
   Cada cual ofreció el suyo: Athos hablaba de la discreción de Grimaud, que sólo hablaba cuando su amo le   descosía la boca; Porthos ponderaba la fuerza de Mosquetón, que era de corpulencia capaz de dar una tunda a cuatro hombres de complexión ordinaria; Aramis, confiando en la destreza de Bazin, hacía un elogio pomposo   de su candidato; finalmente, D'Artagnan tenía fe completa en la bravura de Planchet, y recordaba la forma en   que se había comportado en el espinoso asunto de Boulogne.   
   Estas cuatro virtudes disputaron largo tiempo el premio, y dieron lugar a magníficos discursos, que no   referiremos aquí por miedo a que resulten largos.   
   -Por desgracia -dijo Athos-, será preciso que aquel a quien se envíe posea por sí solo las cuatro cualidades   juntas.   
   -Pero ¿dónde encontrar un lacayo semejante?   -¡Inencontrable! -dijo Athos-. Lo sé bien: tomad, pues, a Grimaud.   
   -Tomad a Mosquetón.   
   -Tomad a Bazin.   

Capítulo disponible en: Inglés Francés Italiano Portugués Rumano Siguiente