Inicio   [800x750]    Acerca de


   -Mas no es eso lo que yo os preguntaba, Aramis -prosiguió Athos-; yo os preguntaba si estuvisteis a gusto, y   si nadie os había molestado.   
   -Me parece que no tuvimos demasiados importunos; sí, de hecho, y para lo que queréis decir, Athos,   estaremos bastante bien en el Parpaillot.   
   -Vamos entonces al Parpaillot -dijo Athos-, porque aquí las paredes son corno hojas de papel.   
   D'Artagnan, que estaba habituado a las maneras de hacer de su amigo, que reconocía inmediatamente en   una palabra, en un gesto, en un signo suyo que las circunstancias eran graves, cogió el brazo de Athos y salió   con él sin decir nada; Porthos siguió platicando con Aramis.   
   En camino encontraron a Grimaud y Athos le hizo seña de seguirlos; Grimaud, según su costumbre, obedeció   en silencio; el pobre muchacho había terminado casi por olvidarse de hablar.   
   Llegaron a la cantina del Parpaillot: eran las siete de la mañana, el día comenzaba a clarear; los tres amigos   encargaron un desayuno y entraron en la sala donde, a decir del huésped, no debían ser molestados.   
   Por desgracia la hora estaba mal escogida para un conciliábulo; acababan de tocar diana, todos sacudían el   sueño de la noche, y para disipar el aire húmedo de la mañana venían a beber la copita a la cantina dragones, suizos, guardias, mosqueteros, caballos-ligeros se sucedíar con una rapidez que debía hacer ir bien los asuntos   del hostelero, perc que cumplía muy mal las miras de los cuatro amigos. Por eso respondieron de una forma   muy huraña a los saludos, a los brindis y a las bromas de sus camaradas.   
   -¡Vamos! -dijo Athos-. Vamos a organizar alguna buena pelea, y no tenemos necesidad de eso en este   momento. D'Artagnan, contadnos vuestra noche; luego nosotros os contaremos la nuestra.   
   -En efecto -dijo un caballo-ligero que se contoneaba sosteniendo en la

Capítulo disponible en: Inglés Francés Italiano Portugués Rumano Siguiente