Inicio   [800x750]    Acerca de


   El mismo día en que Ketty había ido a buscar a D'Artagnan a su casa era día de reunión.   
   Ápenas hubo salido Ketty, D'Artagnan se dirigió hacia la calle Férou.   
   Encontró a Athos y Aramis que filosofaban. Aramis tenía ciertas ve leidades de volver a ponerse la sotana.   Athos, según su costumbre, ni lo disuadía ni lo alentaba. Athos era de la opinión de dejar a cada cual a su libre   albedrío. Nunca daba consejos a no ser que se los pidieran. E incluso había que pedírselos dos veces.   
   -En general, no se piden consejos -decía- más que para no seguirlos; o, si se siguen, es para tener a alguien   a quien se puede reprochar el haberlos dado.   
   Porthos llegó un momento después de D'Artagnan. Los cuatro amigos estaban, pues, reunidos.   
   Los cuatro rostros expresaban cuatro sentimientos distintos: el de Porthos tranquilidad; el de D'Artagnan,   esperanza; el de Aramis, inquietud; el de Athos, despreocupación.   
   Al cabo de un instante de conversación en la cual Porthos dejó entrever que una persona situada muy arriba   había tenido a bien encargarse de sacarle del apuro, entró Mosquetón.   
   Venía a rogar a Porthos que pasase a su alojamiento, donde su presencia era urgente, según decía con aire   muy lastimoso.   
   -¿Es mi equipo? -preguntó Porthos.   
   -Sí y no -respondió Mosquetón.   
   -Pero ¿qué es lo que quieres decir?...   
   -Venid, señor.   
   Porthos se levantó, saludó a sus amigos y siguió a Mosquetón.   
   Un instante después, Bazin apareció en el umbral de la puerta.   
   -¿Para qué me queréis, amigo mío? -dijo Aramis con aquella dulzura de

Capítulo disponible en: Inglés Francés Italiano Portugués Rumano Siguiente