Capítulo disponible en: Inglés
Francés
Italiano
Portugués
Rumano
Siguiente
presentaciones según las costumbres de ultramar.
Los ingleses eran todas personas de la mayor calidad, los nombres extraños de sus adversarios fueron, pues, para ellos tema no sólo de sospresa sino aun de inquietud.
-Pero a todo esto -dijo lord de Winter cuando los tres amigos hubieron dado sus nombres-, no sabemos quiénes sois, y nosotros no nos batiremos con nombres semejantes; son nombres de pastores.
-Como bien suponéis, milord, son nombres falsos -dijo Athos.
-Lo cual nos da aún mayor deseo de conocer los nombres verdaderos -respondió el inglés.
-Habéis jugado de buena gana contra nosostros sin conocerlos -dijo Athos-, y con ese distintivo nos habéis ganado nuestros dos caballos.
-Cierto, pero no arriesgábamos más que nuestras pistolas; esta vez arriesgamos nuestra sangre: se juega con todo el mundo, pero uno sólo se bate con sus iguales.
-Eso es justo -dijo Athos. Y llevó aparte a aquel de los cuatro ingleses con el que debía batirse y le dijo su nombre en voz baja.
Porthos y Aramis hicieron otro tanto por su lado.
-¿Os basta eso -dijo Athos a su adversario-, y me creéis tan gran señor como para hacerme la gracia de cruzar la espada conmigo? -Sí, señor -dijo el inglés inclinándose.
-Y bien, ahora, ¿queréis que os diga una cosa? -repuso fríamente Athos.
-¿Cuál? -preguntó el inglés.
-Nunca deberíais haberme exigido que me diese a conocer.
-¿Por qué? -Porque se me cree muerto, porque tengo razones para desear que no se sepa que vivo, y porque voy a verme obligado a mataros, para que mi secreto no corra por ahí.
El inglés miró a Athos, creyendo que éste bromeaba; pero Athos no