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Y Athos cogió por el gollete la última botella que quedaba, la acercó a su boca y la vació de un solo trago, como si fuera un vaso normal.
Luego se dejó caer con la cabeza entre sus dos manos; D'Artagnan permaneció ante él, parado de espanto.
-Eso me ha curado de las mujeres hermosas, poéticas y amorosas -dijo Athos levantándose y sin continuar el apólogo del conde-. ¡Dios os conceda otro tanto! ¡Bebamos! -¿Así que ella murió? -balbuceó D'Artagnan.
-¡Pardiez! -dijo Athos-. Pero tended vuestro vaso. ¡Jamón, pícaro! -gritó Athos-. No podemos beber más.
-¿Y su hermano? -añadió tímidamente D'Artagnan.
- Su hermano? -repuso Athos.-Sí, el cura.-!Ah! Me informé para colgarlo también; pero había puesto pies en polvorosa, había dejado su curato la víspera.
-¿Se supo al menos lo que era aquel miserable? -Era sin duda el primer amante y el cómplice de la hermosa, un digno hombre que había fingido ser cura quizá para casar a su amante y asegurarse una fortuna. Espero que haya sido descuartizado. -¡Oh, Dios mío, Dios mió! -dijo D'Artagnan, completamente aturdido por aquella horrible aventura. -Comed ese jamón, D'Artagnan, es exquisito -dijo Athos cortando una loncha que puso en el plato del joven-. ¡Qué pena que sólo hubiera cuatro como éste en la bodega! D'Artagnan no podía seguir soportando aquella conversación, que lo enloquecía; dejó caer su cabeza entre sus dos manos y fingió dormirse. -Los jóvenes no saben beber -dijo Athos mirándolo con piedad-. ¡Y sin embargo éste es de los mejores..! CAPÍTULO XXVIII EL REGRESO
D'Artagnan había quedado aturdido por la horrible confesión de Athos; sin embargo, muchas de las cosas parecían oscuras en aquella semirrevelación; en primer lugar, había sido hecha por un hombre