Inicio   [800x750]    Acerca de


habían descansado suficientemente   y que sería posible ir a dormir a Clermont.   
   Como D'Artagnan se hallaba más o menos tranquilo respecto a Porthos, y como esperaba con impaciencia   tener noticias de sus otros dos amigos, tendió la mano al enfermo y le previno de que se pusiera en ruta para continuar sus búsquedas. Por lo demás, como contaba con volver por el mismo camino, si en siete a ocho días   Porthos estaba aún en el hostal del Grand Saint Martin, lo recogería al pasar.   
   Porthos respondió que con toda probabilidad su esguince no le permitiría alejarse de allí. Además, tenía que   quedarse en Chantilly para esperar una respuesta de su duquesa.   
   D'Artagnan le deseó una recuperación pronta y buena; y después de haber recomendado de nuevo Porthos a   Mosquetón, y pagado su gasto al hostelero se puso en ruta con Planchet, ya desembarazado de uno de los   caballos de mano.   

   CAPÍTULO XXVI   LA TESIS DE ARAMIS   

   D'Artagnan no había dicho a Porthos nada de su herida ni de su procuradora. Era nuestro bearnés un   muchacho muy prudente, aunque fuera joven. En consecuencia, había fingido creer todo lo que le había   contado el glorioso mosquetero, convencido de que no hay amistad que soporte un secreto sorprendido, sobre   todo cuando este secreto afecta al orgullo; además, siempre se tiene cierta superioridad moral sobre aquellos   cuya vida se sabe.   
   Y D'Artagnan, en sus proyectos de intriga futuros, y decidido como estaba a hacer de sus tres compañeros   los instrumentos de su fortuna, D'Artagnan no estaba molesto por reunir de antemano en su mano los hilos invisibles con cuya ayuda contaba dirigirlos.   
   Sin embargo, a lo largo del camino, una profunda tristeza le oprimía el

Capítulo disponible en: Inglés Francés Italiano Portugués Rumano Siguiente