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compañía, estaba tan seguro de su ayuda y de su apoyo como habría podido estarlo de su propio hermano.   
   Se presentó, pues, al momento ante el teniente de lo criminal. Se hizo venir al oficial que mandaba el puesto   de la Croix-Rouge, y los informes sucesivos mostraron que Athos se hallaba alojado momentáneamente en Fort-l'Évêque.   
   Athos había pasado por todas las pruebas que hemos visto sufrir a Bonacieux.   
   Hemos asistido a la escena de careo entre los dos cautivos. Athos, que nada había dicho hasta entonces por   miedo a que D'Artagnan, inquieto a su vez no hubiera tenido el tiempo que necesitaba, Athos declaró a partir   de ese momento que se llamaba Athos y no D'Artagan .   
   Añadió que no conocía ni al señor ni a la señora Bonacieux, que jamás había hablado con el uno ni con la   otra; que hacia las diez de la noche había ido a hacer una visita al señor D'Artagnan, su amigo, pero que hasta   esa hora había estado en casa del señor de Tréville donde había cenado: veinte testigos -añadió-podían   atestiguar el hecho y nombró a varios gentileshombres distinguidos, entre otros al señor duque de La Trémouille.   
   El segundo comisario quedó tan aturdido como el primero por la declaración simple y firme de aquel   mosquetero, sobre el cual de buena gana habrían querido tomar la revancha que las gentes de toga tanto gustan de obtener sobre las gentes de espada; pero el nombre del señor de Tréville y el del señor duque de La   Trémouille merecían reflexión.   
   También Athos fue enviado al cardenal, pero desgraciadamente el cardenal estaba en el Louvre con el rey.   
   Era precisamente el momento en que el señor de Tréville, al salir de casa del teniente de lo criminal y de la   del gobernador del Fort-l'Evê

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