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apruebo lo que acaba de hacer, sino que incluso le felicito por ello.
-Y ahora, señores -dijo D'Artagnan sin tomarse el trabajo de explicar su conducta a Porthos-, todos para uno y uno para todos, esa es nuestra divisa, ¿no es as¡? -Pero... -dijo Porthos.
-¡Extiende la mano y jura! -gritaron a la vez Athos y Aramis.
Vencido por el ejemplo, rezongando por lo bajo, Porthos extendió la mano y los cuatro amigos repitieron a un solo grito la fórmula dicta da por D'Artagnan: «Todos para uno, uno para todos.» -Está bien, que cada cual se retire ahora a su casa -dijo D'Artagnan como si no hubiera hecho otra cosa en toda su vida que ordenar-, y atención, porque a partir de este momento, henos aquí enfrentados al cardenal.
CAPÍTULO X UNA RATONERA EN EL SIGLO XVII
La invención de la ratonera no data de nuestros días; cuando las sociedades, al formarse, inventaron un tipo de policía cualquiera, esta policía, a su vez, inventó las ratoneras.
Como quizá nuestros lectores no estén familiarizado aún con el argot de la calle de Jérusalem, y como desde que escribimos -y hace ya unos quince años de esto-es ésta la primera vez que empleamos esa palabra aplicada a esa cosa, expliquémosles lo que es una ratonera.
Cuando, en una casa cualquiera, se ha detenido a un individuo sospechoso de un crimen cualquiera, se mantiene en secreto el arresto; se ponen cuatro o cinco hombres emboscados en la primera pieza, se abre la puerta a cuantos llaman, se la cierra tras ellos y se los detiene; de esta forma, al cabo de dos o tres días, se tiene a casi todos los habituales del establecimiento.
He ahí lo que es una ratonera.
Se hizo, pues, una ratonera de la vivienda de maese Bonacieux, y todo aquel que apareció fue detenido a interrogado por las gentes del señor